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Historia del Gremi de Forners de Castelló

Evolución del sector panadero castellonense

El Gremi de Forners de Castelló es una entidad vinculada a la historia, la cultura y la gastronomía castellonense desde la antigüedad, ya que la elaboración de pan se remonta a tiempos anteriores a la creación de la propia ciudad en La Plana.

Hay que tener en cuenta que fueron los egipcios quienes iniciaron la elaboración de los primeros panes a partir de masas con harina y agua y, después, desarrollaron los primeros hornos. Posteriormente, los griegos mejoraron la masa añadiendo diversos tipos de cerales. Y con la civilización romana el oficio de panadero adquirió tal importancia que Roma creó un Colegio Oficial de Panaderos.

En Castelló la leyenda de la fundación de la ciudad en el siglo XIII ya destaca la existencia de los ‘rotllos’, unos panes elaborados en forma circular con un agujero en el centro que facilita su transporte ante la necesidad de llevarlos colgados de la gaiata o del cuello.

MOLINOS

Lo cierto es que a partir de la Edad Media el sector panadero crece y progresa en Castelló de forma paralela a la urbe. Entre los siglos XIII y XIV el cultivo de cereales se consolida como el más importante de La Plana y surge la necesidad de crear los molinos. El Museu de Etnología de Castelló referencia que en el siglo XIV se contabilizan 7 molinos en el término. Y a partir de ahí su presencia crece de forma paralela a la población con la creación del Molí Mercader, el Molí Breva, el Molí del Catxo, el Molí del Salt de la Novia, el Molí de Casalduch, el de la Vila, el Primer Molí, el Molí del Mig, el Tercer Molí, el del Romeral, de la Font, el Roder, y el Molí del Toll.

HORNOS

Con el avance de la Edad Media las tres operaciones para realizar el pan: moler, amasar y cocer, que en tiempos romanos se hacían en un mismo lugar, se dividen en tres establecimientos: el molino de harina, el horno de pan y, posteriormente la panadería o fleca. Por eso en Castelló empiezan también a proliferar los hornos. Entre 1371 y 1398 había en Castellón 6 hornos para una población de poco más de 1.000 habitantes y a finales de la Edad Media se habían duplicado.

Uno de los más emblemáticos en la historia de la ciudad es el Forn del Canyaret o de Reus, ubicado en la calle Antonio Maura, que comenzó a funcionar en el siglo XIV y permaneció en marcha hasta el siglo XXI. La harina era entonces un alimento esencial controlado por el Consell Municipal, que equivalía al Ayuntamiento, y al igual que los molinos harineros, también hornos y flecas tenían que pagar con dinero o pan a las arcas municipales.

SECTOR ARTESANO

La importancia creciente del sector relacionado con la harina y el pan se refleja en el hecho de que ya en el siglo XVII existían calles en Castellón con nombres que hacían alusión al mismo, como el Carreró del Pes de la Farina (cuya denominación le viene de la existencia de la ‘llotgeta del mustaçaf’, donde se controlaba la cantidad y peso de mercaderías como la harina). Además, destacan medidas como la que adopta el Obispo Climent en 1775 cuando pone en marcha hornos en el arrabal de San Félix (del Plà o de los Huérfanos) y en San Francisco para generar recursos para la nueva Escuela de Niños de la Plazuela del Rosario (tal y como señala Vicente Gimeno Michavila en su libro ‘Del Castellón Viejo’ páginas 270 y 291).

Con el avance de la Edad Moderna, los hornos y las primeras flecas o panaderías se convierten en uno de los primeros espacios de encuentro y socialización, especialmente para la mujer. De manera progresiva destaca el papel de la mujer como trabajadora dentro del horno o la fleca. La evolución de la panadería hasta la actualidad no podría comprenderse sin el duro trabajo y legado de las panaderas.